LA RESILIENCIA MARIANA Y
LAS VIRTUDES DEL
ESPÍRITU SANTO

La Resiliencia Mariana

La resiliencia es un término que se toma de la resistencia de los materiales que se doblan sin romperse para recuperar la situación o forma original. Por ejemplo, un arco que se dobla para lanzar una flecha o los juncos bajo la fuerza del viento. "La resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad".

"Resiliencia viene del término latín resilio, «volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar». El término se adaptó al uso en psicología y otras ciencias sociales para referirse a las personas que a pesar de sufrir situaciones estresantes no son afectadas psicológicamente por ellas".

En síntesis, sería "la entereza o la capacidad para adaptarse a las situaciones adversas con resultados positivos".

Otras escuelas del pensamiento de la psicología organizacional la definen como "la habilidad emocional, cognitiva y sociocultural para reconocer, enfrentar y transformar constructivamente situaciones que causan daño o sufrimiento, o amenazan el desarrollo de la persona".

También refiere que "la resiliencia se puede desarrollar a cualquier edad y varía de una persona a otra".

Por tanto, ha sido una definición acuñada por la psicología moderna que ha venido en boga en las últimas décadas y que vemos ahora en boca de entrenadores, capacitadores, facilitadores, conferencistas y hasta en los discursos de los políticos.

Sin embargo, tal concepto no es más que una o varias de las nueve (9) virtudes del Espíritu Santo ya señaladas por el Apóstol San Pablo, veamos:

📜 "Por el contrario, el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, PACIENCIA, afabilidad, bondad y confianza, MANSEDUMBRE y TEMPERANCIA. Frente a estas cosas, la Ley está demás, porque los que pertenecen a Cristo Jesús han CRUCIFICADO la carne con sus pasiones y sus MALOS DESEOS. Si vivimos ANIMADOS por el Espíritu, dejémonos CONDUCIR también por él" (Gálatas 5;22-25)

📜 "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de DOMINIO PROPIO" (2da. Timoteo 1;7)

Entremos entonces a examinar éstas santas virtudes.

La virtud de la templanza es aquella que nos permite mantener el equilibrio y el dominio propio sobre la voluntad que dimanan de las potencias cognitivas, dándonos el poder moderar los instintos, sublimar nuestras pasiones, y el controlar sus impulsos y deseos.

Por otro lado, el dominio propio proviene del vocablo griego Sophronismo. Que es una combinación de Sos (seguro) y Phren (mente) que unidos significa “un pensar seguro” o “una mente segura”. Por tanto, nos creará el escenario para el desarrollo de la templanza de tener una mente segura, cabal, disciplinada, con control sobre circunstancias.

En éste ensamble de la virtud de la temperancia o templanza también se halla presente la virtud la mansedumbre, que es aquella virtud que modera la ira y sus efectos desordenados. Siendo ello una forma de templanza que evita todo movimiento desordenado de resentimiento que pueda originar el comportamiento de otro.

En tal sentido, la mansedumbre implicará esa capacidad del devenido control, de dominar la cólera cuando ésta asalta a las potencias del alma. Jesús nuestro Señor, por ejemplo, dispuesto a aceptar la voluntad de su Padre, reacciona con mansedumbre ante su destino, y acepta su calvario y muerte: se sacrifica para salvar la humanidad, por amor y por obediencia.

Sigamos ahora con otra virtud del Espíritu Santo, que no es otra que la paciencia. Esta consiste en la valerosa constancia que se opone al mal, y que a pesar del sufrimiento humano no se deja dominar por él. Su raíz proviene del latín pati, que significa sufrir. De hecho el participio patiens se introdujo al castellano como paciente (en los hospitales) o "el que sufre".

Así entonces, tendremos que la especial virtud de la paciencia será esa singular gracia que nos hace hijos de Dios: en tolerar, comprender, padecer y soportar los contratiempos y las advertencias con fortaleza y por ende sin lamentos; esto será posible porque el Santo Espíritu nos enseña a actuar acorde a cada circunstancia, moderando las palabras y la conducta en esos momentos.

LA RESILIENCIA MARIANA

Ahora bien, dicho lo anterior, que rol o papel jugará entonces la Santísima Virgen María en medio del desarrollo de la virtud de la "resiliencia" como una gracia del Espíritu Santo.

Dirá San Luis María Grignon de Montfort (en el Tratado de la Verdadera Devoción a la Virgen María - TVD 25), en atención a María como madre de todos los dones, gracias y virtudes, lo siguiente:

📜 "Dios Hijo comunicó a su Madre cuanto adquirió mediante su vida y muerte, sus méritos infinitos y VIRTUDES ADMIRABLES, y la constituyó tesorera de cuanto el Padre le dio en herencia. Por medio de Ella aplica sus méritos a sus miembros, les COMUNICA sus VIRTUDES y les DISTRIBUYE sus GRACIAS. María constituye su canal misterioso, su acueducto, por el cual hace pasar suave y abundantemente sus misericordias"

En este orden, y sin duda alguna, Dios nos ha dado el MAYOR DON DE LA RESILIENCIA POSIBLE, que no es otro que el Inmaculado Corazón de María, pues al consagrarnos a ella y ella darse a nosotros por entero; aprendemos, resolvemos, resistimos, replanteamos, nos relanzamos y seguimos adelante, enfrentamos críticas y persecuciones, transitamos pruebas, vencemos nuestros miedos, mantenemos el equilibrio (templanza), y lo más importante es que entramos en la salvación de los predestinados y resilientes hijos de María.

Por estos motivos, promete con exactitud el Espíritu Santo la gracia de la "resiliencia" por medio de María, veamos (Montfort - TVD 107):

📜 "Esta devoción hace que recurras a la Santísima Virgen en todas tus necesidades materiales y espirituales con gran sencillez, confianza y ternura, e implores la ayuda de tu bondadosa Madre en todo tiempo, lugar y circunstancia: en las dudas, para que te ESCLAREZCA; en los extravíos, para que te CONVIERTA al buen camino; en las tentaciones, para que te SOSTENGA; en las debilidades, para que te FORTALEZCA; en las caídas, para que te LEVANTE; en los desalientos, para que te REANIME; en los escrúpulos, para que te LIBRE de ellos; en las cruces, afanes y contratiempos de la vida, para que te CONSUELE. Finalmente, en todas las dificultades materiales y espirituales, María es tu recurso ordinario, sin temor de importunar a tu bondadosa Madre ni desagradar a Jesucristo"

Pax et bonum.-


Pablo José Vivas

Abogado y Predicador Católico de Venezuela.

Conferencista en Mundo Católico Televisión Network – México